miércoles, noviembre 17

Sepa la madre, 1


Su vientre es tierra urgida de pasiones; latitud ardiente, cataratas y eslabones.
Bajo su piel habitan mares con olas furiosas que lamen islas secretas.
En la esquina del horizonte se adivinan bosques, verdes regiones que prometen vida,
y sin embargo sólo saben sembrar la sed.
Muchachas y muchachos caminaron ese vientre, pero murieron ahogados en saliva.
Los ancianos enloquecieron llorando cantos demacrados.

Celebrar esa carnicería le gustaba:
destazar compañeros, vomitar a la multitud.
Evadir siempre al amante perfecto.

Hoy, a su edad, a esta hora, recuerda a quienes no amó.
Sueña con algunos que han muerto ya
y piensa lo que sería un “contigo” correspondido.

Pero no llora ni al ver su vientre en despedida
ni al saber que sólo espera que su mano explote en maravillas.

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