miércoles, noviembre 17

"Poema" modernista

Me así con vigor a la túnica de Virgilio,
y atravesé tras él guarecido
los nueve círculos del perverso hueco.

Lenguas de fuego me abrasaron,
me hundí en el horror de los condenados,
gritos como dagas horadaron mis oídos.

A punto estuve de perder la razón,
pero como tal eras tú, amor,
hice de tu efigie mi yelmo y mi coraza.

Me volví ciego a la ignominia,
sordo al improperio y a la inquina;
pero sorbí la erudición del vate.

Del orco regresé para mirar tu faz,
tu ebúrnea piel de querube,
tus labios suaves como pluma de cisne.

¡Oh, desdicha! No hubo arúspice
que presagiara la muerte de mi anhelo:
tu aliento cálido mutó en cierzo,

clamé a tus ojos y hallé silencio.
Sin responso, sin cordura, sin amor,
caí por siempre en la sañuda cueva.

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