jueves, noviembre 19

Ojo por ojo

Lamento sinceramente que los ciudadanos de Juchitepec, municipio ubicado en la mera zona de los volcanes de la entidá mexiquense, no hayan logrado linchar a las ratotas que habían cazado. Es una verdadera pena que cuando “el pueblo enardecido” —frase que encanta a los periodistas— ya había agarrado a trancazos a los “presuntos” secuestradores, llegaran las ratas más grandes, léase, los policías, a rescatar a sus congéneres.
Por supuesto, no es la primera vez que algún pueblo “monta en cólera” —cotizadísima ramera— e intenta o incluso logra hacer “justicia por propia mano”. Quizá uno de los casos más recordados es el ocurrido en 2004 en la delegación Tláhuac, cuando la “turba indignada” quemó vivos a dos angelitos de la PFP, que bien merecido se lo tenían.
Que Dios me perdone —si acaso me conoce—, pero en vista del éxito que las autoridades han logrado en la lucha contra la delincuencia, más vale tener en casa unos buenos cuchillos cebolleros y aprender a fabricar bombas molotov, por si acaso se llegan a ofrecer.
Creo que la gran mayoría de los ciudadanos de este jodido país no tiene instinto asesino, pero sin duda mantiene intacto el de supervivencia, el mismo que amenazan y ofenden los grandes jijos “víctimas del sistema” que optan por robar, secuestrar, matar y sus etcéteras. Y a los que urge dar su merecido, razón por la cual me declaro a favor de todos, o casi todos, los intentos de linchamiento y los linchamientos consumados habidos y por haber. Si alguien se tiene que chingar a esos infelices le tocará al pueblo, ni modo, porque ya estuvo bueno. De paso, reitero mi invitación a dar a los políticos una calentadita, para que le vayan tanteando el agua a los camotes.
Correo electrónico: felinaofendida@gmail.com.

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