domingo, mayo 24

Influencia perniciosa




Como buena clasemediera hija de clasemedieros y futura madre de un clasemediero —según se espera de mi clasemediera condición—, entré en crisis histérica por culpa del chingado brote de influenza.
Primero pasé por la fase de escepticismo y valemadrismo, orgullosa herencia de mi madre. De hecho, cuando el viernes 24 de abril me enteré de la suspensión de clases, la posibilidad de que un pinche virus paseara descaradamente en mi recámara era mi última preocupación. Yo brinqué de la felicidad porque en lugar de ir a lidiar con setenta pubertos podría pasar todo el día trepadota en el guayabo. Que en efecto, fue mi principal actividad ese día.
El sábado, haciendo caso omiso de las aún tibias recomendaciones, me apersoné en las siempre infectas instalaciones de la Terminal de Autobuses y me trepé en un camión con destino a Atlacomulco —cuna de la civilización, ombligo del mundo, sucursal del cielo, tierra de gobernadores—. Como era de esperarse, encontré a mi padre en medio de una crisis neurótica que se incrementó cuando tuve la osadía de rechazarle un tapabocas exclusivo para pintores de brocha gorda. Después del Apocalipsis me di el lujo de empaquetarme medio litro de helado y caminar a casa. Hallé a mi madre tratando de recordar si había hecho de comer y pasándose por el arco del triunfo la alerta epidemiológica. Eso me dio tranquilidad.
Mis “prejuicios gobiernistas” me hicieron pensar en un compló al más puro estilo Chupacabras. Supuse que el gobierno, coludido con aztecos y televisos, había inventado la méndiga epidemia para impedir las manifestaciones y encabronamientos sociales propios de una crisis económica como la actual. Contrasté mi “teoría” con la información de periódicos derechos e izquierdos, y se me derramó un ojo cuando leí que sería posible allanar hogares en los que se sospechara la existencia de un infectado. Llevo días mentándole la madre a FeCal —aunque eso no es novedad—.
Lo malo es que después empecé a leer prensa internacional. Entonces sentí harto, harto miedo, porque el pitufo que despacha en Los Pinos puede hacer lo que le dé la gana con este país, pero, según mi clasemediera concepción del mundo, no puede hacer lo mismo con el resto de las democráticas (?) naciones del orbe. Que Obama y el mismísimo dios se hayan puesto de acuerdo para armar todo este desmadre en beneficio de las compañías farmacéuticas —como sugieren las diez mil cadenas que han caído en mi correo—, me parece una gran, gran chaqueta mental.
Entonces, como buena clasemediera: 1) puse cara de Marga López en "Un rincón cerca del cielo"; 2) después de no ver televisión durante años, ahora me soplo a López-Dóriga todas las noches y, lo que es peor, suelo creerle; 3) me lavo las manos como una pinche enferma de trastorno obsesivo compulsivo; 4) quiero asesinar al primer imbécil que ose estornudar o toser en mi presencia; 5) me unto gel antibacterial hasta en las pestañas; 6) estuve tres días y dos noches encerrada a piedra y lodo con tal de no infectarme —eso sí, coge y coge, al fin que el pinche virus no es de transmisión sexual—; 7) cociné, dios mío, ¡cociné!… me comí mis chingaderas y no me dio diarrea; 8) tuve ganas de ir al súper y gastarme la quincena en despensa suficiente para llegar viva a la próxima glaciación; 9) eliminé esa estupidez de mi cabeza; 10) le dije a mi padre que no viniera a verme —así lo salvé de un contagio y pude coger más—; 10) le exigí a mi hermano que no viajara en metro; 11) uso tapabocas para hablar por teléfono; 12) etcétera.
Ahora que estamos regresando a la “normalidad”, me siento un poco ridícula. Después de todo, el cubre bocas no sirve para ni madres y nunca se me ha ocurrido acurrucarme en el regazo de un cabrón que se la pasa estornudando —vía de contagio garantizada—. Además, de algo nos vamos a morir —y este valemadrismo post histeria también es clasemediero—. Supongo que a todo se acostumbra uno, menos a no coger.

* En la foto: unos niñitos "protegidos".

2 comentarios:

Leslie Mendoza dijo...

Jajjajajaja como me reí con tu comentario, Felicidades , tienes un estilo de escribir muy bueno. Me gusta ese tipo de periodismo.

De dónde eres?



Leslie Mendoza.

max uranga dijo...

Laura, cuando vienes a Atlacomulco a la Escuela de Bellas Artes de Atlacomulco ?, nos encantaria platicar contigo.