domingo, mayo 24

ENLACE





Ardo en deseos de conocer al australopithecus afarensis al que se le ocurrió “crear” la prueba ENLACE. Si lo tuviera enfrente le haría sólo una pregunta: ¿sabías que tu cerebro mide apenas la tercera parte del cerebro de un homo sapiens contemporáneo? Si logra contestar correctamente valdría la pena hacerle una segunda pregunta: ¿de verdad es necesario armar un desgarriate para “medir” las habilidades y destrezas de los estudiantes?
Aunque autoridades escolares, maestros, padres de familia y alumnos deseaban que la contingencia sanitaria no sólo extendiera las vacaciones, sino que se llevara a la mierda la dichosa prueba, desgraciadamente la semana pasada más de dos millones 68 mil escuincles repartidos en 11 mil escuelas —entre públicas y de paga— de la entidá contestaron la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE).
Y digo desgraciadamente no porque los angelitos no merezcan ser torturados con éste y otros sangrientos métodos, sino porque desde mi soberbia, enferma y catastrófica opinión —me caga la formulita “mi humilde opinión”—, ENLACE no sirve ni para limpiarse el culo cuando se acaba el papel de baño.
En teoría, la famosa evaluación pone énfasis, más que en los conceptos que se aprenden de memoria, en las habilidades que el chamaco ha adquirido al "aplicar" tales conceptos. O sea, es más importante que el engendro en cuestión sepa y pueda utilizar un “algo”, a que repita como merolico su definición.
ENLACE también evalúa el desempeño de los profesores y de la propia Secretaría de Educación Pública, que en los últimos años se ha puesto muy creativa con su “reforma educativa”.
Todo eso suena muy bonito. Es loable que las instituciones educativas se preocupen por saber si de verdad los escuincles aprenden algo más que usar sus recreos para ver los calzones ajenos. Lo que no me cuadra es que se disponga de tantos recursos —desde el diseño e impresión de los exámenes hasta las horas de clase perdidas: todo cuesta— para “descubrir” y reiterar año con año algo que se sabe desde hace décadas: que los escuincles están en el hoyo.
Claro, para reconocer que ENLACE es un ejercicio un poco idiota, haría falta pensar como homo sapiens y no como australopithecus afarensis. Porque cualquier persona realmente involucrada en el ámbito educativo es capaz de reconocer que los escuincles tienen un grave problema de lectura. se enfrentan a los textos como lo haría un macaco. Y ese problemita es culpa de la propia SEP, que tuvo la ideota de dejar de “enseñar a leer” a la antigüita —lo que sea que eso signifique—.
Aún más importante es reconocer que a los escuincles les vale madre la mentada prueba. Y a los maestros, ni se diga.
Las que parecen beneficiarse son las escuelas de paga, que usan sus flamantes resultados para incrementar las colegiaturas. O las propias autoridades educativas, tan acostumbradas como el resto de los burócratas a generar “programas, planes y estrategias” nomás para taparle el ojo al macho, pues no profundizan, ni resuelven, ni intentan atacar las deficiencias del sistema educativo mexicano.
¿Resultado?: escuelas y maestros huevones, que dedican las últimas semanas del ciclo escolar a rascarse los tanates, mientras los escuincles ensayan tablas gimnásticas y bailes de salón para su “monísima” presentación final. Chamacos (re)huevones que no ven en la escuela un espacio de aprendizaje, sino un vertedero de energía para chingar a adultos que no son sus padres. Futuros universitarios —en el caso de los afortunados— que no pueden escribir sin faltas de ortografía ni su nombre de pila. Y claro, una SEP que se para el cuello, engorda billeteras, y dice que hace cuando no hace ni madre.

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