martes, julio 8

Una vendetta

Execrable Señor Ingeniero Don:

Sirva la presente para informarle que me he acordado de usted. Y no en muy buenos términos. De hecho, he caído en la cuenta —después de una larga conversación cafetera con quien no le importa— de un rosario de miserias que es imposible asimilar durante los primeros veinte años de vida.
Afortunadamente, eso que llaman juventud no es más que una patología que se cura con los años. Y he aquí que me hallo —a veces muy a mi pesar— más cerca de la tercera que de la segunda década de mi vida. Esa anciana condición, combinada con mi paupérrima pero siempre aguerrida independencia, me ha hecho recordar que usted y yo tenemos un asuntito pendiente.
Sí, no se haga pendejo.
Hoy hice un recuento de lo que ocurrió hace casi diez años y, cosa curiosa, no sólo reafirmé mi creencia de que es usted un verdadero hijo de puta, sino que decidí hacer algo al respecto.
Los recuerdos que guardo viven, desde hace mucho, envueltos en una gruesa capa de sal que logró neutralizar dolores sin destruir lo esencial. Así que dos horas hablando de usted no me hicieron llorar, pero me despertaron un deseo intenso y casi bestial de romperle la cara. Sí, ya sé que usted mismo se la rompió hace casi veinte años, pero, con o sin su aprobación, quiero contribuir a la noble causa de que ese rostro suyo siga siendo evidencia física de la asquerosa alma que posee.
Por su propio bien le recomiendo no hacer como que no se acuerda. Porque usted y yo sabemos perfectamente que no ha olvidado. Sin embargo, si tuviera algún problema de memoria, yo me ofrezco a refrescársela con lujo de detalles y a grito pelado.
Seguro ya lo notó, pero por si acaso el tiempo le ha atrofiado el intelecto, le informo que estoy planeando la vendetta.
Hay una espada que tiene su nombre y no pienso continuar con esa carga; ahora me toca a mí dar el golpe, y créame, estoy curtida en esos menesteres, así que le auguro largas noches sin dormir. Gozo desde ya el malsano placer de ver sus ojos de tres horas anegados por las lágrimas. Así se esconda usted en el Finis Terra, lo encontraré. Se lo prometo.
Sin más por el momento, le envío mi más sincero y profundo desprecio. Y mi compasión adelantada.

2 comentarios:

Gur, el Místico dijo...

Por favor,
Si necesitas bestias sedientas de sangre podrida en tu vendetta, cuenta conmigo y mis violentas extremidades.

Jesús dijo...

Sin palabras, no quiero estar en los zapatos de tal sujeto. Que Dios se ampare de su alma!