lunes, julio 21

Miss Pelotas

Ha pasado más de una semana y aún no me repongo de esta miserable sensación de pérdida. ¿Cómo es posible —pregunto al cielo, desgarrándome las vestiduras— que nuestra bellísima Miss México no sea hoy Miss Universo? ¿Qué es lo que pasa con las potrancas mexicanas, cuyas suculentas carnes son siempre arrasadas por las suculentas carnes de otras latitudes? ¿Acaso hay más exquisitez en las corvas venezolanas y colombianas? ¿Qué necesita el aguayón mexicano para ser exportado y adorado en el resto del planeta?
Me cae que no lo entiendo (aunque, pensándolo bien —y en esta parte me pongo feminista—, un país civilizado no debería exhibir a sus mujeres de ese modo. Pero —y en esta parte me vale madre—, si organizamos concursos de perros, puercos, toros sementales y gordos que quieren dejar de serlo, bien vale la pena premiar la belleza, lo que sea que tal cosa signifique), ¡teníamos todo para ganar! Pero, claro, al hijito de Donald Trump se le ocurrió premiar a una morenota que espero no se parezca en nada al macaco subdesarrollado que gobierna Venezuela.
Mi indignación y desconcierto llegaron al grado de provocarme una diarrea cuata de la que estoy saliendo gracias al té de corcho. Sin embargo, la confusión inicial se ha convertido en un odio jarocho que destino a la responsable de la tragedia de la belleza mexicana. Me refiero, oh sí, a la tal Lupita Jones.
Para empezar, que alguien me explique cómo le hizo esa mujer para ser Miss Universo. No creo que haya sido por su nariz de bola —porque ganó con su órgano olfativo original y no con la cosa que le hizo su cirujano de cabecera—. Tampoco me parece que sea una lumbrera y ni siquiera ha de tener bonita letra, como dicen por ahí. Yo sospecho, en realidad, que fue reina gracias a que no se llama Guadalupe González, o Guadalupe Martínez, sino Guadalupe Yons, que suena más bonito.
Eso me motiva a elucubrar que, por más buenona que esté la miss en cuestión, no ganará a menos que se llame algo así como Timotea Smith o Micaela Spencer. Así que yo le recomiendo muy seriamente a la señora Yons que deje de buscar a la mujer perfecta hasta debajo de las piedras —porque a veces ha elegido ejemplares que más parecen arañas que leidis—: de nada sirve que les enseñe a caminar con una torre de libros en la cabezota; o que ensaye con ellas la manera correcta de pelar la mazorca, para verse entre tiernas y zorras. Ni siquiera funcionará que repitan como merolicos los lugares comunes que deben usar como respuestas para preguntas comunes, en el afán de parecer hermosas versiones de la madre Teresa de Calcuta —aunque muchas de ellas sean madres, pero de Calputa—; ¡oh no!, nada de eso servirá. La única esperanza es contratar a un especialista en nombres poco rimbombantes pero muy pegadores, para que bautice a las nenorras antes de ser lanzadas a la aventura. Si me hacen caso, coronaremos muy pronto a Sinforosa Applegate, Domitila Hayek o Denegunda Simpson. Y el aguayón mexicano ocupará su merecido lugar en el mundo.

1 comentario:

German Almanza dijo...

Jajajaja... Hay muShaSha... me alegra hanber encontrado tu blog esta tarde de sabado por la noShe y esque la pinche CD Juarez cuando llueve, de hecho, cuando llegue aqui me dijieron mis compas "no se te ocurra mearte en la calle, porque amanecera inhundado", y hoy esta lloviendo y no puedo salir de mi depa. Anyway, El punto es que lo que escribes muestra rasgos de un sutil intelecto y no entiendo como es que no te das cuenta porque gano la srta Jones y esto no tiene nada que ver con su apellido, pues si recuerdas ella gano, mas bien, fue apremiada en uno de los concursos internacionales por demas "MISOGENOS" que hay. durante el Sexenio del Sr (si es que se le puede llamar Sr) Carlos Salinas de Gortari, todo eso fue parte de la decoracion del mensaje "los mexicanos somos chingones", basta recordar que tambien en ese mismo sexenio el Ing Carlos Slim obtuvo la mayoria de acciones de TELMEX y ahora se puede jactar de ser el Forbes numero 1. Pero vamos... ?Cual es la belleza que se premia? En esta parte sobre la definicion de belleza estoy deacuerdo con el Conde de Lautreamont, quien encuentra belleza al ver a un cuervo alimentarse de los ojos de un Ahorcado. Y si estoy al tando de tales concursos de belleza es porque soy hombre, tengo 30 años, soltero y busco el amor de mi vida...