domingo, mayo 4

Ejercicio de imaginación (Tercera parte)

Ventilar mis más íntimos asuntos, con el inocente propósito de orientar a las pobres venaditas que habitan la serranía, me ha costado ya una cuasi mentada de madre, una petición de revancha y un airado y mariconesco reclamo telefónico. Pero me moriré en la raya, como dicen en mi pueblo: continuaré con la exhibición de mi mente enferma y aceptaré, de una vez por todas, que éste es un tercio de plana ninfómano —el que quiera cooperar, que me mande un mail; el que quiera reclamar, saque cita—.
Hoy diremos adiós a los idiotas excelsos, para dar paso —con todos los honores que merecen— a los buenos fornicadores. En mi limitada experiencia, esos sujetos son feos —o No Guapos— y/o medio rucos —entre 30 y 45 años—.
Empezaremos con el primer grupo. Los No Guapos que fornican bien —cuidado: también los hay que no saben ni bajarse la bragueta— son sujetos muy peculiares. Para empezar, siempre andan jorobados, no importa si son muy altos o de estatura regular —los enanos quedan descartados—; usualmente son delgados y a veces hasta esqueléticos, pero sólo en contadas ocasiones tienen kilos de más. Si su trabajo les exige “buena presentación”, eligen corbatas de colores inverosímiles con diseños horrorosos, y sacos que son un verdadero insulto a la pupila. Si pueden darse el lujo de ser fodongos, les encanta vestirse como adolescentes, pero dan pena ajena con sus playeras estampadas, pantalones rotos y tenis Converse que no combinan con sus arrugotas.
Los No Guapos típicos tienen alguna parte del cuerpo muy desarrollada: nariz, orejas o manos gigantescas; son casi pelones o greñudos, andan escasos de nalgas y pueden tener barros o cicatrices faciales —muy atractivas para las enfermas como yo—.
Como son concientes de su escaso atractivo físico, han desarrollado distintas estrategias de seducción para lograr aparearse y poner su granito —o chisguete— de arena, en la bíblica misión de perpetuar la especie —las sagradas escrituras no contaban con la invención del látex. Amén—.
Los No Guapos que fornican bien, saben que no conseguirán revolcarse con la dama de su elección pelando la mazorca. Si tienen la suficiente inteligencia, dedican parte de su tiempo libre a leer libros sobre sexualidad y erotismo —como consecuencia, encuentran sin mapa el punto más interesante de una mujer y, a veces, inventan nuevos—. Ven en el onanismo no sólo un conveniente mecanismo para autosatisfacerse, sino una técnica milenaria con la que han aprendido a contenerse, medir y prolongar sus tiempos, así como a distinguir entre un leve roce, una caricia, un manoseo degenerado y un buen apretón, es decir, tienen habilidades manuales sobresalientes.
Por si fuera poco, se bañan todos los días, huelen rico y tienen buenos modales —no se rascan los huevos en público, ni escupen gargajos a media calle—; son muy observadores y suelen tener la frase precisa para hacer reír a la sujeta elegida; son comprensivos, dan buenos consejos y escuchan sin irse directo al bulto —creo que ya se notó que los amo—.
En fin, los No Guapos son como los grandes cazadores del reino animal. Pacientes y astutos, esperan agazapados a que la presa se descuide y entonces… atacan. Los muy degenerados hacen chambas tan buenas, que la víctima siempre regresa por más. Neta.

3 comentarios:

José Antonio Porcayo D. dijo...

Pero después de que atacan ¿siguen igual y es por eso que la victima regresa?

Anónimo dijo...

Orale,
Yo pensé que para coger se requería ser guapo, de haberlo sabido pues ya estaríamos dandole..

Anónimo dijo...

pero cuando el cazador se vuelve victima por su propio gusto -como alguna vez pasó- es mejor separarse... no vale la pena...