viernes, abril 18

Ejercicio de imaginación (Primera parte)

La abstinencia —esa maldita privación ilegal de contacto carnal— me ha hecho debrayar sobre un asunto harto sabio y a veces harto ignorado: el orgasmo, señoras y señores, es un ejercicio de imaginación.
Aunque mi sesuda reflexión es evidente para casi toda la humanidad, hay que reconocer que yo soy más ingenua de lo que parece y menos calenturienta de lo que debería. Además, como algo tengo que escribir de vez en cuando para resucitar este blog, suelo jalarme las trompas de falopio hasta que encuentro el tema —esta vez no jalé demasiado—.
Decía, pues, que el orgasmo —el Señor O, para efectos de esta web— es un ejercicio de imaginación. Eso explica por qué muchos hombres —que se sienten tales sólo porque tres cosas les cuelgan en la entrepierna— no logran obtener de las mujeres con las que se revuelcan ni siquiera una sonrisa de lástima solidaria.
Qué se le va a hacer, no me cansaré de repetir que la mayoría de los testiculados chapalea en la idiotez y, por supuesto, no tiene ni tantita imaginación. Aunque no quieran ni puedan entenderlo.
La ausencia de Señor O es, sin embargo, cuestión netamente femenina —digo, a mí qué me importan las eyaculaciones, que son más fáciles de conseguir que una gripa en invierno—: habría que entrenarnos para identificar a los sujetos medianamente imaginativos y no caer con los idiotas excelsos.
Afortunadamente esto no es como escoger aguacates en la recaudería —si los tomo relativamente aguados, ya están podridos; si los tomo firmes, están completamente verdes—, sólo se trata de ser observadoras. Aunque al principio, he de advertirlo, no queda más remedio que agarrar parejo —traducción: hay que coger de todo— para empezar a distinguir.
Por ejemplo, a estas alturas de mi vida recomiendo huir de los chavitos —sujeto que aún va a la escuela, o vive en casa paterna, o nunca ha trabajado, o tarda media hora en abrocharse las agujetas, o es menor, mucho menor, que una—, ya que necesitan un mapa detallado, una brújula y hasta lunch para encontrar el punto más interesante de una mujer —si usted, hombre, cree que ese punto se llama clítoris, tiene graves problemas—.
Un segundo ejemplo típico de idiota excelso es muy fácil de reconocer. Se trata del parlanchín que presume de: a) tenerla muy grandota; b) saberse completito el camazutra —así lo escribe—, c) haber tenido muchas novias y amantes; d) pensar siempre en sexo; e) haber sido desvirgado a los 13 años; f) alguna otra idiotez. Estos tipos, segurito: a) no la tienen ni grandota ni chiquita, sencillamente no la saben usar; b) se enredan con las sábanas al hacer “el misionero”; c) tuvieron novias y amantes, sí, pero cuando iban en el kinder; d) se piensa a menudo en lo que no se puede conseguir; e) usted, mujer, lo está desvirgando.
En general, los fanfarrones suelen ser eyaculadores precoces que, una vez consumada la felonía, argumentan algo así como: “no sé qué me pasó”, “nunca antes me había sucedido”, “es que esta semana tuve mucho trabajo y me desvelé”, “orita me repongo, nomás me echo un coyotito”, “tienes la vagina muy estrecha y no me pude aguantar” —esa es, por cierto, la mejor excusa que me ha tocado—.
Tengo que huir, pero contiuaré: no se pierda mi próxima deyección.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Laurita, se ve que eres crítica hasta en la cama. De casualidad no eres psicóloga???, perdón olvidé que eres escritora calenturienta. Ojalá no te equivoques al clasificar a tus cuates...

José Antonio Porcayo D. dijo...

"orita me repongo, nomás me echo un coyotito", la mejor frase de la semana, jaja!!
Te quiero loca!!
Checa mi blog.

Anónimo dijo...

vanciaaaaaaaaa ????????????????

Anónimo dijo...

abstinencia despuès de intentos por lo contrario... a todos nos caga!!!


saludos