domingo, abril 13

Después del cigarro no hay después

Lo conocí después. No sé si a tiempo, no sé si tarde, pero después. Habían pasado ya las mariposas, se gestaban acaso polillas, pero yo, con la menarquía reciente, escogí, antes que entender lo que pasaba en mi estómago, aprender a dar el golpe en una nueva versión: sin encontrar mi puño con el hombro ajeno.
A los dieciséis años la bocanada inicial no podía ser otra cosa mas que lo que fue: un puñado de navajas patinando, tropezando en mi garganta. Pero algo hubo entonces que me hizo quererlo después. Adicción, le dicen los inmunes. Ciertos viciosos, como yo, preferimos materializar esa filia en un degenerado romance con El Luego —otra vez después, la consecuencia, lo posterior— y, a veces, uno que otro revolcón con el gerundio —hay, en efecto, una acción y simultáneamente, otra. Un par al mismo tiempo—, de modo que mi vida cotidiana, con el antes y el después, con el todo mezclado en batidora, fue colonizada por el gusto, el aroma, el color gris y el tacto viscoso del humo del cigarro.
Solía encender el primero a mediodía, una vez diluidas con café las telarañas del sueño. La bocanada inicial, sobre todo a los veinticinco años que tengo, era más de lo que yo podía esperar: una tierna infeliz lengua de seda, que abría camino a cigarrillos subsecuentes. Uno era la consecuencia del otro; y el otro, tanto como el uno, enredaba su veneno en mi epiglotis y sellaba las oquedades de mi nariz.
Entonces yo era feliz no sólo por la ingenua inconciencia de mi aliento a cenicero, sino, sobre todo, por lo que sabía que debía hacer para llegar al después, es decir, al cigarro. En mi existencia raquítica de detalles, se hicieron famosas combinaciones como el cigarro después de comer, el cigarro después de una taza de café, el cigarro después de una cerveza, el cigarro después del trabajo, el cigarro después del sexo, el cigarro...
Pasado el tiempo, estas relaciones de consecuencia deseada trocaron en relaciones de consecuencia obligada —y hasta lapidaria: El Luego traducido en Por Lo Tanto—, o sea: como, luego, fumo —es decir: como, por lo tanto, fumo—; tomo café, luego, fumo; chupo, luego, fumo; trabajo, luego, fumo; y sí: cojo, luego, fumo.
El gerundio es más amable y me prodigó momentos de beber fumando, platicar fumando, leer fumando, llorar fumando, gritar fumando, cantar fumando, escuchar música fumando, escribir fumando. Ad infinitum.
La gente gente normal sabe que uno nunca se arrepiente de dejar un vicio, sabe, incluso, aplaudir para festejar el logro. La loca que esto escribe sabe ahora que entonces, cuando fumaba, al mismo tiempo o como consecuencia, más que hundirse en el amargo catalizador del cáncer, preparaba inconciente y diligente, los tiempos y espacios para extrañar la seda nicotina. Ahora como, tomo café, bebo, trabajo, cojo, sabiendo que no llegará el después. Que esta vez no habrá luego. Ahora, mientras platico, leo, lloro, grito, canto, escucho música o escribo, no tengo ya cobijas para acurrucar el gerundio.
Más desolado que el exfumador urgido de tabaco, inmune a la mordedura de la ansiedad, luce el exfumador arrepentido, buscando a tientas el camino de regreso, rompiendo la promesa una y otra vez sin encontrar en el tabaco nunca más navajas patinadoras o lenguas de seda, sino, simplemente, la ausencia del después.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

yo por eso siempre he dicho HAY LUEGO (mayormente conocido como aila) y aila en algún tiempo, en algún lugar... en...

Madre Ceiba dijo...

Ni hablar, me encantó leerte, ¿Cuándo un encuentro de tus cuates los escritores toluquenses en Acapulco? Gracias por el recordatorio.
¡Cuánto has leído¡ ¿quién pasa o qué pasa por tu mente cuando escribes, qué meta historias ?
Un abrazo,

Gur, el Místico dijo...

Para mí existía una complicidad muy triste "estoy solo, luego, fumo"

Hoy fumo de forma existencialista, hay combinaciones que sin embago me gustan mucho.

Fumo mientras cago
Fumo mientras como snickers
Fumo si alguien más fuma
Fumo mientras pienso que me mato lentamente, pero al menos me mata algo que disfruto por ninguna razón aparente.

No había entrado nunca aquí, así que daré una paseada

Saludos perversos