lunes, abril 7

De esto se trata

Se trata de vernos un día sí y treinta no, de fingir que nos extrañamos setecientas veinte horas y agarrarnos a mordidas durante ocho, desgranando uno por uno sus cuatrocientos ochenta minutos; de disfrutar el efímero revoloteo de mariposas imaginarias en nuestro aparato digestivo, de convertirlas en sanguijuelas y detenerlas un segundo antes de que conozcan la voracidad.
No importa si vienes o voy. Se trata de encontrarnos en la calle, en algún lugar del centro, en mi casa, en el metro Balderas a las nueve de la noche, en ninguna parte. Cada encuentro inicia con el típico abrazo desesperado del que quiere mucho y los ojos abiertos del que sabe que es mentira.
¿Será mucho pedir que sigas usando la misma loción? A cambio prometo vestir el liguero negro que me regalaste. Se trata de hundir mi nariz en tu cuello y chuparte el lóbulo de la oreja mientras forcejeas inútilmente con esa estorbosa ropa interior. Se trata de hacer apuestas: ¿qué caerá primero? ¿tu pedazo de carne o mis calzones coquetos?
Si me perdonas el cabello suelto, puedo hacer de cuenta que no traes puesta una de esas camisetitas que me repatean el hígado. Se trata de que rueden tus dedos en mi cabeza: ya sabré cómo arrancarte, primero, esas camisitas de niño de primaria y, después, el pedazo de algodón que me separa de tu piel.
Se trata de iniciar una guerra a la antigüita, cuerpo a cuerpo, sin más armas que tu par de manos, mi par de piernas, esa lengua tuya y mi espalda perfecta. Habrá que desterrar la misericordia: mis rodillas quedarán inservibles y serás incapaz de asir algo que no tenga la forma de mi cadera.
Se trata de hacer alarde de nuestros pulmones. De despertar a los vecinos como escandaliza un par de gatos a un barrio completo. Que se entere todo el mundo de lo que dejamos macerar durante setecientas veinte horas de ausencia; que soporten durante cuatrocientos ochenta minutos el costal de palabrotas que me trajiste de regalo.
Se trata de recorrer, también, los vericuetos del silencio. El que se teje con respiraciones entrecortadas y gemidos apagados; con la suma de parpadeos de este exhausto par de locos.
Se trata de reinventar el sonido. De que me cuentes que estás leyendo a Puig y yo te diga que no pude nunca con las Boquitas Pintadas y que El beso de la Mujer Araña me dio hueva, pero, en cambio, me enamoré de Tabucchi y sigo enajenada con la rojísima página perfecta de Pamuk.
Se trata de buscar el reloj debajo de la cama y comenzar la despedida con arrumacos desolados. Se trata de meternos a la regadera y enjabonarnos con un poquito de miel. Llegará la hora del café, de tu cigarro matutino, de mi té de manzana con canela. También, ni modo, tendré que abrirte la puerta y regalarte un tierno beso con alas de mariposa. Inicia la cuenta regresiva: otras setecientas veinte horas para extrañarnos. De eso se trata.
No me salgas ahora con que estás enamorado.

Correo electrónico: felinaofendida@gmail.com

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Intersicia, creo que con todo eso cualquiera puede enamorarse, total, que aburrido sería el cachondeo sin sentimientos.
¿no crees????

José Antonio Porcayo D. dijo...

Creo que no se trata de mí, jeje, te mando un abrazo e igualmente seguiré este blog. Mañana ya tienes link en mi página.
Te amo mucho mi loca!!
Y sobre la tragadera?? pos la prox. semana no???

Anónimo dijo...

duele, mucho, duele, pero es así.