martes, enero 8

Lista de buenos propósitos

Aunque nadie lo crea, hice mi lista de propósitos de año nuevo:
1) Bajar de peso, porque, claro, no hay persona en su sano juicio que después de atascarse todo el ponche, los romeritos, el bacalao y el pavo que encontró en las maratónicas reuniones y cenas pre y post navideñas, no quiera desaparecer de la tierra... con todos los kilos que subió gracias a su infame masticar.
2) Hacer ejercicio. Da hueva escribir por qué.
3) Levantarme más temprano y acostarme, como consecuencia, también más temprano.
4) No gritarle a mis vecinos cada vez que hacen escándalo. Eso incluye no ponerme como loca los domingos a las nueve de la mañana, hora en la que un descastado “arregla” su camioneta y, a grito pelado, le pide cosas a su esposa —una señora llamada Gaby, que debe ser canonizada por soportar a ese anciano de garganta inmensa—.
5) No escuchar a mis vecinos cuando hacen escándalo. Eso significa no abrir las ventanas de mi departamento cuando el matrimonio de al lado fornica, o al tipo del último piso le arman un chou por un acostón —neta—.
(Paréntesis gigante: Me arrepentí de los incisos anteriores y, en realidad, de fingir que tengo buenos propósitos de año nuevo, así que reestructuré. Fin del paréntesis no tan gigante). Recapitulando:
1) Reforzar mi autoestima con algún grupo de autoayuda que inhiba la culpa que produce comer. De esa manera me sentiré muy feliz tragando —de hecho ya lo hago— y repetiré como un mantra que “las gorditas son/somos la neta”. Eso me ahorrará el esfuerzo de cerrar el hocico y hasta la lana que tendría que pagar en un gimnasio.
2) Levantarme más temprano y —¡oh desgracia!— acostarme más tarde. Dada mi naturaleza eminentemente noctámbula, he decidido sujetarme a un estricto régimen de cafeína y ácido acetilsalicílico para dormir a las cuatro o cinco de la mañana y despertar a las siete u ocho, también de la mañana. Lo que haga con esas horas es cosa que no les importa.
3) Gritar un poco más —improperios incluidos— cada vez que mi vecino salga a “arreglar” su maldita camioneta. O procurar que “alguien” se la robe...
4) Recomendarle al matrimonio que vive en el departamento de al lado que fornique más seguido. Agradecerle al cuate del último piso los chous que ha protagonizado.
5) Subir con más frecuencia a la azotea para espiar el movimiento de los astros.
6) Hacerme una prueba de Sida. En caso de resultar negativa, contarle la odisea a toda la humanidad; en caso de resultar positiva, ocultárselo a medio mundo y contagiar al medio mundo restante.
7) Aprender a leer —o fingir que sé hacerlo— el tarot, la baraja española, la mano, el café y cualquier otro instrumento de adivinación habido o por haber. Siempre hay un idiota que te cree y al que se le puede infundir temor.
8) Incrementar mi cinismo en un 200 por ciento, por lo menos, cada trimestre del año que comienza.
9) Dejar de hablar entre dientes y procurar, en su lugar, soltar las cosas tal como se me ocurren. Entre más desgraciadas, crudas y desmoralizadoras resulten, mejor.
10) Responder, dos de cada tres veces, con alguna frase sarcástica y lapidaria, recetada en el tono gélido del que no tiene fe en la humanidad.
11) Repetir todos los días, en voz alta, la máxima para el éxito en la vida: “Sólo por hoy seré una hija de perra”. Pero sobre todas las cosas, creérmelo.
12) Perforarme dos veces más. Y hacerme otros tatuajes. De paso, revolcarme con el perforador —que, la verdad, está bien chido—.
13) Leer, por lo menos, tres libros a la semana y procurar dar la cara por los mexicanos en las encuestas anuales de lectura.
14) Escribir una novela tan asquerosa y dolorosa que joda a medio mundo, pero tan poética que el otro medio mundo no pueda dejar de leer.
15) Organizar a mis primas casaderas —y quedadas— para ir juntas a bailar a Chalma. El baile incluye una limpia con huevo de gallina prieta, jabón del perro agradecido, ramitas de pirul y loción de siete machos. A ver si este año alguna de nosotras sale. O de plano, aprender a tejer chambritas y vestidos para los santos.
16) Amarme más a que mi prójimo. Aunque haya prójimos que merezcan la excepción.
He dicho. Por el momento...

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