lunes, noviembre 26

Linchamiento

Ya llegó, ya está aquí. Por fin, después de mucho cacareo —sin contar el que falta— quedó “formalmente instalada” la comisión de diputados que tendrá como titánica tarea, hurgar en los efectos personales de Chente Oligofrenia Fox y Martita, su apéndice hiperactivo. Todo con el objetivo —espero— de sacar al sol los trapitos sucios de la expareja presidencial que tanta pena ajena sigue provocando.
La mentada comisión es, como todo en esta democracia, un conjunto plural. Eso significa que hay diputados de casi todos los partidos, para que luego las lenguas viperinas —¡que somos tantas!— no anden diciendo que la balanza se inclina a favor de fulano o sutano. Por eso me extraña que casualmente dos de los cinco legisladores que integran la comisión sean panistas. Qué cosa tan conveniente ¿no? Los paleros, quise decir, los otros diputados, son un priista, un perredista y un ecológico.
Como era de esperarse en un acontecimiento de esta naturaleza, la “instalación” estuvo aderezada con una serie de discursos de todos los bandos. Pura faramalla al estilo “debe existir voluntad política por parte del gobierno de la república, se privilegiará la construcción de acuerdos conjuntos que lleven al esclarecimiento de las cosas sin protagonismos, descalificaciones, linchamientos”, etcétera, etcétera. Abundaron, como siempre, las palabras: diálogo, acuerdo, compromiso, coyuntura y otras que habitan las lenguas de los políticos.
De entrada, los verdes casi casi se lavaron las manos, pues piden que el gobierno Fecalista —o Fecalero, ambos pseudoapócopes de Felipecalderoniano— coopere y facilite la investigación. De modo que en unos meses dirán que no se pudo hacer nada por culpa de ese wey que no es mi presidente.
En tanto, los perredistas, en voz de Javier González Garza, se declararon contra el amarillismo —pese a que son amarillos— y a favor de la sanidad del país. Mientras yo me chupo el dedo.
Los tricolores dijeron que “privilegiarán la construcción de la agenda para tener acuerdos conjuntos”, cosa que a mí me suena a que se van a hacer bien weyes tomando cafecito. O, en su defecto, andarán buscando de dónde sacar lana, porque la susodicha comisión funcionará sin presupuesto —¡que alguien les explique!—. Así que no se sorprenda si al rato resulta que Fox les regaló el famoso jeep rojo a cambio de que cerraran el pico.
Claro que no podía faltar la palabrería de los azules que defienden, desde luego, al honesto, incorruptible e inocente Chente. Con todo y su elegante apéndice. Los azules critican que medio mundo diga que el expresidente es culpable de conductas tan atroces como el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito y otras lindezas. Dicen los panistas que no se puede culpar de antemano al buen Fox, y que sería muy buena idea fingir que investigan sin subjetividades y, dios nos libre, sin llegar a linchamientos políticos.
De todo el chorote que se aventaron, lo más emocionante es, justamente, lo del linchamiento. Si me lo preguntan, creo que esa es la opción más atractiva y recomendable para el descanso del alma de muchos mexicanos. Digo, ¿para qué le hacemos al cuento?, yo voto por juzgar a priori al señor Oligofrenia y presenciar el obsceno y doloroso espectáculo de su linchamiento. Sugiero, además, un corte previo de su estúpida lengua y un baño de asiento con sus propias botas. Que lo linchen, por piedad. Entre más sangriento sea, mejor.

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