martes, octubre 9

Amar te dopa

Seguramente usted, querido y único lector, a lo largo de su corta o larga vida ha visto caminar por ahí, como tocado por lo divino, a algún bicho de la especie humana que parece que no pisa el suelo, tiene los ojos fuera de órbita y suspira cada tres segundos. Puede que incluso usted haya sido víctima de eso que llaman amor y que lo pone a uno entre loco, idiota, desbocado, iluminado, tarado y hasta suicida.
Es matemáticamente imposible que no haya sentido nunca esa cosquillita que empieza en salva sea la parte y se extiende hasta la punta del cabello —exagero un poco para verme romántica—, de modo que asumo que comprende lo que quiero describir cuando hablo de una persona enamorada.
Todo comienza con el encuentro, acontecimiento que en los últimos tiempos ocurre en los lugares más extraños e inverosímiles. A mí me han contado casos de parejas que iniciaron hasta en una pulquería. Alguien, ya sea el hombre o la mujer, se fija en un espécimen de no malos bigotes y lo sigue con la mirada. Después, si le gusta lo suficiente, comienza con el cortejo. Generalmente es el hombre quien inicia, y he sabido de primeras frases tan atinadas como: “¡Hola, me llamo Javier y estudio medicina!”, “qué onda, soy actor porno, por si se te ofrece” o “me pasas un restorán, vamos a coger”. Desde luego que hay hombres más creativos, por ejemplo, supe de uno que iba por la vida botando una pelota de tenis y en cuanto se encontraba cerca de la elegida, le decía algo así como: “mira, traigo un testículo radioactivo”. Hay otros que, a falta de lengua, se acercan a la mujer que les gusta y sin decir agua va, le ponen una manota en el seno.
Como ven, estilos hay muchos. Unos más efectivos que otros, claro. El chiste es que en un cortejo normal, comienza el ping-pong de preguntas que permiten conocer y dar a conocer datos esenciales como edad, peso, talla, tamaño —no pregunten de qué—, estudios, empleo, estado civil y un etcétera que varía en función de las personalidades y gustos de cada quien. Si por obra y gracia del espíritu santo o por decreto de las líneas de la mano, ese par de sujetos, abismalmente distintos y abandonados, se comprenden, inicia el proceso de enamoramiento que muchos identifican con mariposas en el estómago —síntoma que a mi más bien me parece gastritis—.
Y con ello inician también las complicaciones. Sobre todo porque el jodido proceso de enamorarse tiene evidencias físicas como una sonrisota de idiota o asesino serial. Evidentemente la causa de esa sensación no está en el corazón —sanguinolento músculo que medio mundo se ha empeñado en considerar la fuente de todo sentimiento amoroso—, sino en la cabezota. Tal parece que la dopamina, una sustancia que funge como neurotransmisor en el sistema nervioso central, tiene parte de la culpa de que un enamorado se sienta caminando sobre algodones de azúcar.
La dopamina se relaciona con las emociones y los sentimientos de placer. Además, controla zonas del cerebro estrechamente ligadas con la vida emocional de las personas. De hecho, su deficiencia es característica en algunos tipos de psicosis y está relacionada con la enfermedad de Parkinson; de igual forma, un exceso de dopamina está asociada con la esquizofrenia.
De modo que, querido lector, la próxima vez que se enamore tenga cuidado con la méndiga dopamina, sustancia que idiotiza y prácticamente dopa al sujeto cuyo cerebro la segrega a lo bestia ante la presencia de la persona amada. Si a eso le sumamos las hormonas escupidas como pompas de jabón, tenemos el perfecto caldo de cultivo de una tragedia o de una gran historia de amor, como de telenovela.

4 comentarios:

espinal dijo...

Si logras engañarte creyendo que realmente existe, entonces eres una dulce niña atrapada en el parapeto de una chamaca desvergonzada y liberal. Noticias: el amor es el mejor invento del hombre. Gracias a las altas ventas de educación sensual, sexual y sentimental de un movimiento tan tórrido y extenso como el romanticismo, vivimos creyendo que podemos "amar"... vamos wapa, es una trampa de la especie, te lo dice un hombre que sabe deso... Claro que es dopamina y falta de irrigación en el estómago por la ansiedad que produce el encuentro,y adrenalina y necesidad de aceptación y búsqueda de seguridad y afianzamiento. Existe el sexo, que es lo orgánico. Existe la atracción, que es instintiva, regida por parámetros heredados genéticamente en nuestra memoria de especie. Existe quizá la simpatía o la percepción positiva -como la que se tiene ante los estímulos-; pero por alá, wapa, que no te engañe Becquer...

espinal dijo...

Pero linda...

Anónimo dijo...

estas enamorada?

la química y la bilogía a veces se une, no podemos dejar de lado la parte humana que también nos es implícita -y a veces explícita.

y la prgunta de nuevo es: estas enamorada?

Anónimo dijo...

hay historias que se echan a perder... otras que duele conocer...

esta es una de esas. reconozco la sonrisa de asesino.