lunes, agosto 13

Personajes inolvidables

En esta vida uno se encuentra irremediablemente con seres especiales.
Personajes con características buenas o malas que los hacen
inolvidables. Pienso por ejemplo en La Bella Durmiente, doncella que
mis padres utilizaron como modelo para convertirme en una señorita
decente y con amplias posibilidades de brillar en sociedad, milagro
que obviamente no consiguieron, entre otras razones porque siempre me
pareció un poco idiota que esa "princesa" estuviera echadota esperando
al príncipe azul, mientras éste corría el riesgo de ser masticado por
el dragón/cuidador.
Y ya que hablamos de la infancia, otro personaje de mis años mozos
fue León-O —o como diantres se escriba—, el de los Thundercats. Por
obra y gracia de dos cromosomas, formo parte de la mitad de humanidad
más sobajada y escupida, es decir, soy mujer —sí, aunque no lo
parezca—, y pese a que lo normal era que me gustaran Chitara o Pumara,
lo cierto es que yo moría de ganas por ser León-O y ver más allá de lo
evidente con la espada del augurio.
Claro que con el tiempo se han ido modificando mis personajes
favoritos y prefiero los grotescos antes que los tiernos. Ahora por
ejemplo, que ya me encuentro al borde de la decrepitud, me he sentido
extrañamente fascinada por esa cosa que se llama Jorge Hank Rhon. De
veras que hay gente rara en el planeta. El hijo del egregio profesor
que peleò por la gubernatura de Baja California, no sin
antes haber hecho uso de los millones y millones —casi siete mil mdp,
según modestos cálculos— que obtiene con sus empresas de juegos y
sorteos, para ganar el corazón del electorado.
No se puede decir que Hank sea mala persona; ni siquiera es uno de
esos personajes que entran en la categoría del antihéroe, y justamente
esa "rareza" lo hace tan especial. Y es que por un lado, este
cuasiprócer de la patria se dedica a ofrecer a sus congéneres la
posibilidad de divertirse y hasta de ganar dinero, mientras que por el
otro, sus "negocitos" le permiten dedicarse a lo que de verdad le
apasiona: la política. ¿Y que para qué quiere la política? Pues obvio:
para darle a los demás, a los que menos tienen, un poquito de lo mucho
que a él le ha dado la vida.
Los enemigos de Hank sostienen que hubiera sido un grave error que ganara
las elecciones —y yo los apoyo: hubiera sido un tragedia bíblica—. Entre
otras cosas argumentan que es un machista casi misógino, por aquello
de que las mujeres son su animal favorito y otras frases exquisitas.
Además, le anda presumiendo a medio mundo que "donde pone el ojo pone
la bala", sólo porque tiene 19 hijos —regados o reconocidos, es lo de
menos— y porque le ha concedido quién sabe a cuántas mujeres, la dicha
de tocar su abultado vientre de protomacho en celo. Algo les dará: ya
la candidata de PT-Convergencia, Mercedes Maciel Ortiz, cayó fumigada
por sus encantos y declinó a su favor. Pero como siempre hay vacas que
se van con el primer buey, no es éste el argumento que más pesa en mi
opinión de tan curioso personaje.
Es más, ni siquiera me importa lo que dicen las malas lenguas. Eso de
que tiene nexos con el narco y varias cuestiones nonc santas que mejor
ni escribo para no invocar.
Lo que de verdad me repudre el hígado es que el mentado Hank se haya
pasado toda la campaña con un cocodrilo encima. Me refiero al viril
chalequito rojo hecho de piel de cocodrilo, que no se quita ni para
dormir. El problema no es su pésimo gusto, sino la inmisericorde
muerte que seguro tuvo el pobre animal para terminar embarrado en la
panza de este protomacho.
Anexo a Hank —no hay modo de evitarlo— en la lista de mis personajes
favoritos, sin embargo, no puedo dejar de imaginarme un final para él.
Tal consiste no sólo en que los bajacalifornianos no se dejen lavar el
cerebro, como ya sucediò, sino que, en algún momento, Jorgito camine cerca de un río
infestado de cocodrilos y entonces...

2 comentarios:

promoteyourblogforfree dijo...

nice blog

sarkozy dijo...

buena frase "vientre abultado de protomacho en celo"