miércoles, agosto 15

Japi berdei

Quiero un día completo, o mejor aún: una semana completa para mí solita. Siete días con sus amaneceres y ocasos; 168 horas para desparramarlas como un kilo de frijoles negros en la mesa de la cocina. Encerrada a piedra y lodo en eso que llamo casa y, en realidad, no pasa de ser una pocilga sucia y descuidada. Una semana para andar encuerada y cocinar hot cakes de harina integral. Siete días sin bañarme, preocupada tan sólo por subir a la azotea a las cuatro de la mañana y esperar el amanecer con una buena taza de café. Quiero ver mi piso repleto de girasoles recién cortados y no de manchas viejas que nunca he de trapear; cubrir las ventanas con algodón de azúcar de color azul, mientras me envuelvo en las cortinas para salir a tirar la basura. Quiero que una araña me invite a ver la construcción de su trampa, y que las cucarachas bailen y se reproduzcan en la esquina más cochambrosa de la cocina, en tanto un par de gatos se matan de pasión en la regadera.
Quiero una biblioteca gigante y cien vidas humanas para leerla. Quiero un frasco de perfume con sabor a papel viejo y tinta viva, para untármelo a placer detrás de las orejas y en la punta de los dedos. O para atomizarlo cuando el mundo se torne irrespirable.
Quiero salir en canicas a la calle, sin toparme con el dilema de cargar el paragüas o dejarlo botado. Quiero cagarme en los buenos modos, en la moral, en la decencia y pregonar en los portales la buena vida que deriva de la inconciencia. Quiero sentarme a mirar cómo camina la gente aplastada por el peso de sus necias responsabilidades; agobiada por la media corrida, las colegiaturas, la comida de mañana y el retraso menstrual. Quiero reirme de la gente que corre mientras el cielo nos regala una lluvia escandalosa. Quiero mojarme por completo y saber qué coños se siente la hipotermia.
Quiero caminar entre mendigos, vagos, pordioseros y putas: compartir con ellos la exquisita sopa de la derrota. Treparme a un puente peatonal y aventar gargajos a los polis; mearme en un poste como lo hace un perro; cortarme los pies con el espejo roto de una recién casada; echarme a dormir cubierta con periódicos mugrientos y restos de comida disputada por las ratas.
Quiero un collar con dedos flamígeros de santuchos cagadiablos; unos aretes largos de calumnias de frígidas comadres; un sombrero de papel maché y una lengua inmensa que no calle nunca. Quiero una carabela para navegar esta jodida ciudad perdida para siempre y un artefacto de hechiceros, que me permita detener todos los relojes del universo si consigo encontrar una simple y miserable flor que brote de la mierda.
Quiero hablar con medio mundo y escuchar algo más que las instrucciones para hacer una buena sopa de fideo, o la dirección precisa del manicurista. Tropezarme con los hombres y hallar algo más original que la dudosa promesa de una buena cogida. Quiero que alguien se atreva a abrazarme, sucia como estoy de mierda de paloma y vómito de ebrio; que retire con delicadeza el cabello embarrado en mi cara manchada; que se atreva a sostenerme la mirada vieja y tenga los cojones de tirar de un limpio fregadazo la maldita máscara que me pongo todos los días. Quiero que me invite a comer helado de limón en el hueco de su axila y se encuere también para revolcarnos de vida cenagosa; y que no huya cobarde al descubrirme esquizofrénica o idiotizada de ternura.
Podría pedir más pero sólo quiero eso en mi cumpleaños. Ahora que, si no puedes conseguir nada, te lo cambio todo por un poquito de coraje para amputar sin anestesia 25 años de miseria y salir corriendo para volver a empezar.

1 comentario:

Pp dijo...

FELIZ CUMPLEAÑOS,NO TE LLAMÉ, NI TE ESCRIBÍ, NI SIQUIERA UN MENSAJITO POR CELULAR PERO SI TE SIRVE DE ALGO, EL SÁBADO TE MUNA FELICITACIÓN A DONDE QUIERA QUE HAYAS ESTADO...

SALUDOS!!!