martes, julio 24

¿La gran Maravilla?

Pues a mí no me dio ni tantito gusto la designación de Chichén Itzá —concretamente el Castillo de Kukulcán— como una de las “nuevas” siete maravillas del mundo. Dispénsenme vuestras mercedes.
Se que más de cuatro mil personas estuvieron atentas del anuncio realizado el pasado sábado. Y seguramente con unos tequilas encima se dieron valor para gritar las máximas del baratísimo nacionalismo mexicano. A fe mía que la borreguil masa, presa de un chaqueto arranque patriotero, hizo vibrar las deterioradas ruinas mayas con alaridos estilo “¡a huevo!” y “sí se pudo”.
La cereza en el pastel fue el “mensaje a la nación” que dirigió ese señor que no es mi presidente. Que alguien le explique por favor. Cuando lo ví no supe si orinarme de la risa o acabarme una caja de kleenex sorbiéndome los mocos. Ya no quiero hacer corajes porque ese tipo aprovecha una cuestión netamente mercadotécnica para levantarse el cuello —o intentarlo, que casi da lo mismo—, mientras se dedica a pisotear las instituciones culturales de este país. Analfabeta como su antecesor. Panista, qué le vamos a hacer.
¿Felicidades al pueblo de México? Qué chido que somos “un país depositario de grandes culturas milenarias” y bla, bla, bla. ¡Ya tenemos maravilla! Uy, sí qué padre. ¿Para qué o por qué?
La UNESCO se vomitó en este concursete porque, entre otras cosas, no tiene ni remotamente un genuino interés por promover la cultura y sobre todo, el conocimiento del origen y la historia de este tipo de “riquezas culturales”. Todo lo contrario: el objetivo es hacer lana y como siempre, las beneficiadas son las grandes empresas trasnacionales. Pregúntenle a los hoteles cinco estrellas que se le han pegado a la zona arqueológica como tábanos a la res. O a coca cola. O a Telmex. O a cualquiera de los patrocinadores que nomás por meterse al concursito ya sacaron su buen varo.
¿Cómo se atreven a festejar la “nueva maravilla” que se está cayendo y en la que ni siquiera se ha hecho suficiente investigación? Desde el 2005 está prohibido subirse a la pirámide —claro que los flamantes organizadores de New 7 Wonders se tomaron una fotografía promocional bien trepadotes en la cúspide— por precaución y debido a su deterioro.
Después de Teotihuacán, Chichén Itzá es la zona arqueológica mexicana más visitada —1.3 millones de personas al año— y con este regalito se espera un aumento hasta del 3% en la afluencia de turistas. Millones de seres humanos caminando, tirando basura, robándose la piedrita y hasta pintando “Moncho was here” en un espacio que NO está diseñado para las grandes masas. Tampoco digo que no hay que visitarla, pero antes de andar ahí trepados es necesario hacer una evaluación de la zona —que por cierto está atascada de vendedores ambulantes— y una serie de restauraciones que permitan que aguante otro rato. ¡Tampoco son eternas pues! pero la gran cantidad de gente es un factor de riesgo que acelerará su destrucción.
Para acabarla de amolar, una parte del terreno en el que está asentada la zona arqueológica pertenece a la familia Barbachano, dueña de la empresa Mayaland —unos cuantos hotelitos— que desde luego está esperando su tajada.
Y también los diputados, nada tontos, ya están viendo cómo llevarse una rebanada del pastel amparados en el choro del turismo cultural que NO generará una derrama económica equitativa.
Chichén Itzá ya es una maravilla, así que perdón por el pesimismo pero yo no veo qué carajos vale la pena festejar.

1 comentario:

Pp dijo...

Yo tampoco estaba muy de acuerdo con eso, principalmente por lo que dices, la zona no está preparada para recibir a tanta gente, pero bueno, como todo en México, se hace al "ahi se va" ya veremos los problemas que esto trae a la zona...