jueves, junio 28

Sobreviviendo

i. La sopa
“Los azules llegaron a partirnos la madre. No quiero decir que antes, con los tricolores, todo fuera miel sobre hojuelas pero, ciertamente, la cacería de brujas y el acoso no llegaba a estos extremos”. El poeta que no habla chistoso pero come muy rápido, imita al lobo del cuento y sopla y resopla su humeante plato con sopa de letras, mientras yo le pongo sal a mi crema de elote.

ii.- El arroz
“Las buenas comidas corridas deben llevar a huevo sopa y arroz. Si no comes arroz —pero bien hecho: rojo, con chicharitos y zanahoria— es como si algo te faltara. Como que no te llenas. Algo similar, perdóname la vulgaridad del intento de símil, sucede con los libros. Nosotros, es decir, la gente como tú y como yo no podemos vivir, no nos sentimos completos, sin leer por lo menos una jodida página impresa todos los días. Es vital para la salud del alma. Los otros —los azules, los foxistas, los burócratas, los hijos de puta—, no tienen el corazón para viajar un libro. Ni el cerebro, por cierto, para desmenuzarlo. Para disfrutarlo. Esos pendejos dejan los chícharos en la orilla del plato”.

iii. El plato fuerte
“Hace poco supe del penoso caso de un grupo cultural de notequierodecirdónde. Habíamos hecho un convenio para intercambiar libros y armar de manera coordinada, una serie de presentaciones. Ya teníamos confirmadas la fecha y los invitados. ¡Hasta carteles teníamos! Pero ni madres: valió gorro. Resulta que dos o tres días antes del evento allá, me habla este hombre para decirme, muy apenado, que lo disculpara pero que había que cancelar el evento. Claro que me paré de pestañas y cuando estaba a punto de tirarle un rollo sobre la hermandad cultural, los compromisos y el clásico no seas ogete, me dijo que justamente ese día los había embargado hacienda —ni se te ocurra escribirlo con mayúscula—. !Imagínate¡ Esos hijos de puta creen que trabajamos como lo hace una fábrica de chescos. Que no me chinguen. Se les figura —si es que algo de imaginación tienen— que escribir un libro es como hacer ojales o pegar cierres. Que construir metáforas es como vender chorizo”. El poeta que no habla chistoso pero come muy rápido hunde su cuchillo en una pechuga empanizada con ensalada, guacamole y frijoles; corta un trozo de carne y se lo lleva a la boca, mientras yo me atraganto con unos tacos dorados.

iv. El postre
“¿Qué debes aprender de esto? Fácil, Laura: somos unos sobrevivientes. Esta es una carrera de resistencia; la cultura ha florecido en medio de los chingadazos. Hacienda, los azules, los tricolores, los amarillos, ese wey que no es mi presidente y toda su pandilla de analfabetas pueden gritar y mover todo lo que quieran. Siempre, Laura, ganará la imaginación. La cultura, las ideas sobrevivirán porque saben hacerlo, sin que tú o yo tengamos que mover un miserable dedo. ¿Y qué peleamos? ¿qué ganamos?” El poeta saborea entre sonrisas su gelatina, mastica con vehemencia, como si supiera que en unos minutos más dejará de respirar: “La belleza, Laura. Sólo eso: la belleza”

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