miércoles, junio 27

Hagamos de cuenta

Hagamos de cuenta que no nos conocimos. Que pasaste frente a mí y seguiste caminando sin escuchar mi voz; que no compartimos un horario de oficina, que en casi un año de trabajo común no nos dimos nunca los buenos días.
Hagamos de cuenta que no nos escabullimos; que no nos buscamos, que no besamos ni exploramos el sabor y el olor de un cuerpo ajeno. Hagamos de cuenta que no traicionamos a los que vivían o viven con nosotros; que no fuimos infieles, que no les mentimos.
Hagamos de cuenta que nunca platicamos —sentados como viejos amigos—, en un campo de futbol maltrecho. Que no te conté mi historia en el mail más honesto que he escrito jamás; que no lo leíste, que no lo imprimiste, que no lo guardaste en el cajón del que perdí la llave. Que no me contaste tú esa infancia de niño viejo; que no nos limpiamos mutuamente los mocos, ni nos ofrecimos los hombros para seguir llorando.
Hagamos de cuenta que no hubo 31 de marzo, que no existió el año que compartimos y que todo fue un sueño que ahora habita en el No Lugar.
Hagamos de cuenta que no construiste un mundo paralelo, que no lo nombraste, que no lo habitamos. Que no lo respiramos nunca. Que no hubo en ese mundo ni un cuento infinito, ni un palacio, ni un barrio de esclavos. Que nunca fui princesa. Que nunca fuiste rey.
Hagamos de cuenta que no nos enamoramos nunca de nuestras soledades. Que no intercambiamos nunca esas promesas vacuas y pasajeras que se hacen los que dicen amarse. Que esto no fue una verdad efímera.
Hagamos de cuenta que nunca hicimos el amor. Que no los engañamos ni escapamos de sus ojos unas horas. Hagamos de cuenta que no nos desnudamos; que no nos revolcamos ni en las sillas ni en la cama; ni en mi casa o un hotel.
Hagamos de cuenta que no nos penetramos, que no me poseíste, que no te abrí la puerta. Hagamos de cuenta que nunca nos bañamos; ni nos lamimos, arañamos, chupamos, desgarramos y mucho menos nos vestimos para volver a empezar. Hagamos de cuenta que no hubo tazas de café, ni cigarros de los que te gustan, ni masturbaciones compartidas, ni chocolate para untar y lamer en tu sexo, ni tangas comestibles ni jalones de cabello.
Hagamos de cuenta que no lloramos, que no sufrimos, que no nos gritamos el amor. Que no lo callamos. Hagamos de cuenta que no perdimos la cordura y que entendimos a tiempo la desgracia de construir sobre cimientos de mentira.
Hagamos de cuenta que no nos brindamos nunca un consuelo de alfileres ni un té de cicuta con un poco de sal.
Mejor aún: hagamos de cuenta que nos creímos las promesas —que sí me creíste, que sí te creí—; que nunca me venció la nostalgia, que siempre confiaste en mí. Hagamos de cuenta que tuvimos coraje para pelear por esto, que luchamos contra el mundo como dos adolescentes. Hagamos de cuenta que no mentiste, que no cobré venganza. Hagamos de cuenta que no mentí, que no cobraste venganza.
Pero como eso ya no es posible, hagamos de cuenta entonces que no nos amamos nunca de la única forma desolada que supimos, de la única manera torpe que conocemos: destrozando, desollando, escupiendo, maldiciendo. Odiando.

1 comentario:

eltucuromial dijo...

ta bueno...pero una parte no me gusto mucho...alprincipop todo muy romantico

jaj

un abrazo