miércoles, junio 27

Ese perfecto monosílabo

La respuesta es no. Un monosílabo tan simple como perfecto. No.
Ahora sabe —sin duda de la peor manera—, que debió darse la vuelta. Que eso era lo más conveniente para su fracturada salud mental y tu tranquilidad. Entiende que debió girar sobre sus talones en un gracioso y efectivo movimiento. Sin mirar atrás.
Comprende que debió contentarse con mirar el aparador. Detenerse un momentito, sin desear siquiera entrar a la tienda, sin intentar ni por error tocar lo deseado. Ni más, ni menos. Debió contemplar la mercancía y resignarse a saberla poseída.
Ten por seguro que si tuviera conciencia del bien y del mal, no te habría mirado a los ojos aquella tarde. Pero tú sabes perfectamente que esa cosa que se llama conciencia la abandonó hace muchos años. Hay incluso quien sostiene la teoría de que en realidad nunca estuvieron juntas. Ya sabes que ella tiene muy mal carácter, y la conciencia es una señorita que por todo arma drama.
Te puedo hasta jurar que si no amara tanto el ben(mal)dito sufrimiento, si no lo degustara con el mismo placer con el que lame un helado, habría salido corriendo luego de la primera confesión.
La cordura pudo haber evitado el desastre en el que hoy patalea ¿no?. Seguramente. Pero —aunque lo dudes, hombre de poca fe—, no se arrepiente. No se arrepiente hoy, no se arrepentirá mañana.
Sabe que piensas que sí se arrepiente, y como yo soy su representante legal, te traigo un recado de su parte. Me pide que te diga —cito textual— que te vayas al demonio. Derechito y sin escalas. Eso sí: ni creas que te la vas a encontrar allá.
Me pide que te informe —a ver si a mí me entiendes—, que la respuesta a tus últimas preguntas es un elegante No. Un efusivo No.
¿Qué tal si se arrepiente y se regresa el tiempo? Ni madres: se hubiera perdido un montón de cosas. Para que te des una idea: tus ojos a las tres de la tarde, las cosquillas que provoca tu barba, tus besos de mordedor de uvas, los abrazos de temblor de tierra, las confesiones con medio litro de café, tus dientes anclados a su espalda, el olor de tu axila, los múltiples usos de la crema Lubriderm y del chocolate Nutella, tu neurosis arrolladora, tu manera de comer y un larguísimo etcétera.
¿Comprendes ahora por qué la respuesta es No?

PD: ¿No será que eres tú el que se arrepiente?

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