jueves, junio 28

Diez colores más para Otto

“Estoy preparado para recibir a esa novia que se llama muerte. Ni me apena, ni me preocupa, pero sé que ya está cerca el final" dijo recientemente Otto Raúl González. Lo dijo sereno a sus ochenta y cinco serenos años, en la presentación de "La vuelta al mundo en 80 poemas". Lo dijo saboreando la certeza.
El pasado sábado murió en la ciudad de México el poeta Otto Raúl González. Dicen que era guatemalteco pero, en realidad, luego de sesenta años de vivir y escribir en México, ya era un mexicano más.
El maestro Otto Raúl se fue sin dejar de ejercitar su pasión: escribir. "Estoy llegando al invierno de mi vida, lo que hago es seguir escribiendo, escribir y fumar. Me moriré escribiendo y fumando... seguiré luchando por la poesía, seguiré instalado en estas cámaras de tortura de la poesía, que en cierta forma sí son así, pero que tienen salidas hacia otras cosas muy distintas como la felicidad, el placer y la alegría de vivir".
Fumando escribió Otto Raúl cuarenta libros de poesía. Le cantó a la mujer, a la naturaleza y, además, a la lucha social y a la libertad. Porque Otto era —según me cuentan quienes lo conocieron— izquierdista, tequilero y coqueto. Muy coqueto.
“Apenas te veía y ya te estaba preguntado ¿cómo te llamas?”, me contó un pajarito; “se sentaba al sol y dormitaba con su botella de tequila a un lado”, me contó otro.
La que esto escribe no tuvo el placer de conocer al maestro Otto Raúl González en persona. Pero ha tenido y seguirá teniendo el placer de leer sus libros que, en el caso de un escritor, es más que suficiente.
Y es precisamente por haber conocido al maestro Otto Raúl a dos tintas y en papel bond ahuesado, que sentí una triste punzada en el estómago al enterarme de que había fallecido.
No creo en la vida después de la muerte ni en nada por el estilo. Lo que sí sé es que Otto seguirá presente y vigente mientras haya una persona —al menos una—, que lea sus libros. Gracias a su sensibilidad, el maestro nos legó poemas preocupados por los problemas inmediatos del hombre; festivos, angustiosos, épicos y con un gran sentido del humor.
“Concierto para metralleta” (Cantigas para el Che Guevara), “Diamante Negro”, “Colibrí y conejo”, "La vuelta al mundo en 80 poemas", “Para quienes gustan oír caer la lluvia en el tejado” y “Diez colores nuevos” son una muestra de su infatigable actividad artística.
En particular “Diez colores nuevos” es un libro bellísimo —y también uno de los más conocidos: ha sido reeditado más de 30 veces— en el que Otto Raúl juega a inventar diez nuevos colores con los que describe —e ilumina— varios sentimientos humanos.
Y ya que no hay, por más que busquemos, un color capaz de describir esto que se siente con la ausencia física del maestro —si le pasa a una desconocida, imaginen lo que le pasa a los conocidos— sólo espero que, en el momento final, Otto Raúl se haya llevado la imagen, la certeza, de que nos iluminó para siempre con sus diez colores y mucho más.

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