jueves, junio 28

Aborto nuestro de cada día

Víctor Hugo Círigo, presidente de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, reportó este martes que desde abril a la fecha, se han realizado más de 560 abortos en los hospitales capitalinos.
Eso significa que en casi dos meses, todos los días entre nueve y diez mujeres han tomado la decisión de interrumpir un embarazo y, lo que es más importante, han ejecutado esa decisión sin problemas ni riesgos para su salud.
Círigo también dijo que el 64% de los abortos fue practicado en mujeres que viven en las delegaciones Iztapalapa y Gustavo A. Madero que son, fíjese usted, las que registran los más altos niveles de pobreza de la capital mexicana.
El intenso y lacrimógeno debate que derivó en la despenalización del aborto en la Ciudad de México, ya terminó —al menos en apariencia—. Durante días e incluso semanas, no se habló de otra cosa. Todos los grupos, asociaciones civiles y cofradías "a favor de la vida", habidas y por haber en este país, se dedicaron a hacer marchas, manifestaciones y plantones para evitar la expansión del mal patrocinada por las hermandades, sectas y congregaciones apóstatas malditas.
La polémica despenalización se convirtió para muchos en una piedrita en el zapato, por decir lo menos. Para otros —para otras, en realidad— ha significado no sólo un alivio sino una salida para una situación que, dependiendo de las circunstancias particulares, puede adquirir matices caóticos y hasta suicidas.
Resulta que hace poco entré en conflicto por toda esta cuestión abortera. Sobre todo porque mi intensa actividad —sí cómo no— exigía que me expusiera diariamente a la visión de por lo menos 20 fotos de fetos abortados, mutilados, succionados, masticados y escupidos.
Pero ahora que conozco las cifras que orgullosamente presume Círigo, considero que la despenalización del aborto en el DF ha sido, después de todo, una buena idea. Una decisión necesaria y urgente.
Más de 560 mujeres han tenido la opción de decir que no. No, gracias. La regué pero no me siento lista, entre otras cosas. Me atrevo a asegurar que esa decisión no es nada fácil y que todas esas mujeres lloraron a moco tendido antes y después del legrado. No dudo que de repente las asalte la culpa y que, incluso, algunas de ellas lo seguirán llorando toda la vida. Sin embargo, creo que eso es mucho mejor que haber traído al mundo a más de 560 niños que sufrirían una madre poco amante y muy frustrada; mucho mejor que ver a más de 560 niños abandonados, o medio muertos de hambre, o qué se yo.
Finalmente, a pesar de lo grotesco que pueda parecer, el aborto como derecho viene a proteger, sin proponérselo, a una posible niñez que viviría sufriendo. En buena hora, pues. Y los abortos que faltan. Y las despenalizaciones que nos quedan, por ejemplo aquí, en el estado de México.

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